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La Dirección por Valores en la Administración Pública

15 junio, 2011 23 comentarios

La mayor parte de las Administraciones Públicas hace tiempo que emprendieron, con más o menos fortuna, diversas estratégias de modernización de sus estructuras y de los servicios que prestan a la ciudadanía. Aquellas que no lo han hecho, se verán inexorablemente obligadas a hacerlo, tanto por la presión popular como por motivos de eficacia y eficiencia en la gestión.

Un breve analisis de dichas estratégias nos permite comprobar que existen diversos principios inspiradores comunes a todas ellas:

•    Calidad y orientación a la ciudadanía como eje central de todas sus actuaciones.
•    Personal directivo que evolucione de mero gestor de servicios a gestor de personas y facilitador.
•    Trabajadores públicos que pasen de entes pasivos a actores principales.
•    Disminución de la burocracia, favoreciendo la puesta en marcha de procesos y estrategias que flexibilicen la organización.

Pues bien, si se observa la siguiente gráfica, existe un gran paralelismo entre los objetivos perseguidos por las estratégias de modernización y los planteamientos de la Dirección por Valores (DpV).

Dirección por Valores

Dirección por Valores

Fuente: Anzizu Fuest, J.; García Sánchez, S., 1997

La Dirección por Valores se puede considerar como una herramienta de gestión que, desde la óptica del valor, pretende orientar el desarrollo estratégico de la organización. En la figura se puede ver cual ha sido la evolución en el tiempo del enfoque sobre la forma de dirigir las organizaciones.

La Dirección por Valores proviene de una evolución de la Dirección por Instrucción y la Dirección por Objetivos, que busca rediseñar la cultura de una organización para encauzar los cambios hacia la visión estratégica e integrarla con la política de desarrollo de las personas como centro de la organización.

En este punto, me viene a la cabeza una de las perlas de Peter Drucker, considerado como uno de los padres del management moderno:

Una estructura organizativa pobre hace el buen trabajo imposible, no importa lo buenas que son las personas.

Y donde dice “estructura”, podría decir “cultura”.

La Dirección por Valores exige adoptar una cultura organizacional en la que el valor ha de guiar los objetivos y cualquier acción tendente a posibilitar su logro. En este enfoque el valor debe justificar cualquier decisión tomada en relación al objetivo de la organización, las relaciones con los empleados y la forma de trabajo de estos, la asignación de recursos y la forma de obtenerlos, los servicios prestados, su calidad y su adecuación a las necesidades de la ciudadanía, etc.

Por otro lado, lo que se le pedía hasta ahora al trabajador público era fundamentalmente que:
•    Cumpla con sus obligaciones laborales.
•    Atienda a sus responsabilidades contractuales.
•    Coexista en paz con las personas de su entorno.

La DpV plantea nuevos retos. No se trata ya de obtener sólo lo indispensable, ahora

el reto es la consecución de los objetivos de la organización a la vez que quienes trabajan en ella se desarrollan tanto profesional como personalmente,

asumiendo en sus propias vidas determinados valores previamente explicitados, y en principio, potenciadores de su personalidad.

Si bien aparentemente la Administración Pública sería un entorno idóneo para la implantación de una Dirección por Valores, nos encontramos con obstáculos intrínsecos a la Adminsitración Públicos que dificultan este propósito: aspectos como la propia dinámica de una organización grande y compleja, el conglomerado de leyes y normativas o aspectos inherentes al propio Estado de Derecho que dificulta la planificación a medio y largo plazo.

Por otro lado, la implantación de este tipo de sistema de dirección podría no ser bien entendido por parte de la ciudadanía, que puede interpretarlo como un privilegio más que como una optimización, y que considera que el personal trabajador de la administración pública ya goza de suficientes privilegios.

No obstante, ¿quién no desearía (si no le queda más remedio que hacerlo) que al acercarse a un ambulatorio público o una oficina de empleo, por poner algunos ejemplos, la persona que le atienda actúe movida por valores y no simplemente porque no le queda más remedio que estar allí?

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